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Francoise Lohier

Nació el 24 de enero de 1839 en Bretaña, Francia, de un hogar cristiano, de donde también salió un sacerdote.

Bretaña al norte de Francia, es una región histórica, comprende la península que se extiende hasta el océano Atlántico entre el canal de la Mancha, al norte, y el golfo de Vizcaya, al sur. Rennes es la capital administrativa de la región. Es una de las regiones francesas con mayor longitud de costas. Tiene un clima templado, sobre todo a lo largo del litoral, con débiles diferencias de temperaturas entre el verano y el invierno. El viento de noroeste domina el norte. Las lluvias de regular y alta intensidad son frecuentes. En una misma jornada, es normal que se alternen los claros y cielo cubierto, la vegetación es abundante. La economía de Bretaña se inclina hacia la agricultura y las industrias agroalimentarias, el turismo estival en el litoral además de algunos centros industriales y tecnológicos avanzados.

Esta tierra de tanta promisión y fuerza vio nacer a Francoise Lohier y su espíritu estuvo impregnado de la fuerza de la naturaleza y de la luz del Sol que entibia las aguas del mar que juegan con las piedras rocosas de las orillas o con las blancas arenas de las playas bretonas, como el agua y el sol de su tierra conservó una pasión constante por la libertad y la verdad, que hizo brillar su personalidad de decisiones concretas, prontas y firmes.

Desde joven se sintió atraída por el Señor, y aunque su vida de fe la llevaba a vivir como una buena cristiana practicante, siempre había una interrogante en su corazón que no tenía respuesta concreta. En Marsella conoce a las hermanas de María Inmaculada, las frecuenta, y en la búsqueda de respuesta a las preguntas que tiene su corazón solicita hacer la experiencia en la comunidad de Toulouse para hacer un serio discernimiento vocacional.

El 9 de enero de 1867 llega Francoise a Toulouse y es acogida por la comunidad. Durante el tiempo de experiencia demostró su empeño en el trabajo y su servicio generoso y pronto; su franqueza, sinceridad y apertura le valieron para ser solicitada rápidamente en muchas tareas de la joven comunidad, tareas que fueron siendo cada día más grandes, las cuales fue asumiendo con responsabilidad y prolijidad.

Francoise llega a la Comunidad en el momento en que el mar de las contradicciones vive la noche más difícil de la tormenta; pero la llamada del Señor había tocado su corazón y la quiere en su barca elegida. Ella no se amilana y siente la fuerza del Espíritu Santo para hacerse a la mar; ni las mareas ni la noche cerrada le hará perder de vista que quien conduce la barca es el mismo Jesucristo.

El 24 de mayo de 1869 fue la vestición del hábito, tenía 30 años cuando decide unirse al proyecto de Eduviges Portalet, después de hacer su discernimiento en la comunidad de Toulouse, se abandona totalmente a la Voluntad de Dios.

El 3 de octubre de 1869 acompaña a Madre fundadora, es testigo excepcional y cofundadora de la Congregación de Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción.

El 9 de octubre de 1869 pronunció sus primeros votos de pobreza, castidad y obediencia para unirse en esta familia religiosa y para hacerse predicadora de la Verdad y portadora de la Luz de Cristo.

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